Senderismo 17 octubre 2025
Crónica de la ruta del 17 de octubre de 2025
A las 9:30, con el aire fresco de octubre y el sol asomando sobre la Alhambra, doce senderistas iniciamos camino desde Plaza Nueva: Julia, Pepe, Antonio, Encarni, Elena, Inma V., Francisca, María Elena, Inma C., María Amor y Juan Luis. El ambiente era ligero, de esos días en que caminar se siente natural.
Subimos por Cárcel Alta, dejando atrás el bullicio, y seguimos por San Juan de los Reyes, donde los coches intentaban pasar entre las estrechas calles y las buganvillas en los balcones nos acompañaban. Breve pausa en la Placeta de las Escuelas, y luego la Cuesta de San Agustín hasta la estatua de Chorrojumo, cuyo nombre verdadero fue Mariano Fernández Santiago (1816–1906), fue uno de los personajes más singulares del Albaicín. Se hacía llamar “el gitano de la Alhambra” y se ganó la vida posando y guiando a los viajeros románticos del siglo XIX. Su capa, su barba blanca y su orgullo granadino lo convirtieron en símbolo de una Granada pintoresca y libre. Hoy su estatua recuerda ese espíritu entre el Camino del Sacromonte y las laderas del Darro.
Por el Camino del Sacromonte llegamos al mirador, donde las vistas sobre la ciudad y la Alhambra nos obligaron a detenernos. Después continuamos hacia la ermita del Santo Sepulcro, pequeña joya del siglo XVII, construida por los franciscanos terciarios. Su sencillez y el silencio que la rodea conservan la huella del recogimiento con que fue fundada. Punto final del Vía Crucis cuyo inicio estuvo en la cuesta el Chapiz.
Desde allí, la subida por el Carril de los Coches nos llevó hasta la Abadía del Sacromonte, uno de los lugares más emblemáticos de Granada. Fundada a comienzos del siglo XVII por el arzobispo Pedro de Castro, la abadía se levantó junto a las cuevas donde, según la tradición, aparecieron las reliquias de San Cecilio y los llamados Libros Plúmbeos. Aquel hallazgo marcó la historia espiritual de la ciudad y dio origen a este conjunto monumental, mezcla de fe, misterio y piedra. Desde su mirador, la panorámica sobre Granada sigue siendo una de las más bellas que se puedan contemplar.
El descenso, por el carril de las siete cuestas, nos devolvió al Camino del Sacromonte, la Cuesta del Chapiz, el Paseo de los Tristes y la Carrera del Darro, con la luz del mediodía filtrándose entre los árboles. Al llegar de nuevo a Plaza Nueva, cerramos la jornada con la cerveza en el bar Casa de Todos, brindando por el camino, la amistad, las risas y la ciudad que nunca se agota.
Juan Luis Sáez (Junta Directiva de Aluma)




























