Ruta Ciclista Granada Dehesa de Santa Fé
Crónica de la Ruta Ciclista – APFA Y ALUMA
“Entre caminos, obras y paisajes, un día para recordar”
A las 9:30 en punto, bajo fresco mañanero granadino y un sol amable de otoño, nos reunimos en la plaza Manuel Cano, frente al Hipercor. Éramos cuatro: Víctor, Luisma, Jesús y Juan Luis. Cuatro bicicletas en el inicio, cuatrp ganas distintas de rodar, pero un mismo propósito: disfrutar del camino sin prisa, con ese espíritu tranquilo que caracteriza a los grupos del Aula Permanente y de ALUMA.
El arranque, por el Camino de la Puleva, sirvió para calentar tanto las piernas como la conversación. Las bromas iban y venían mientras cruzábamos los primeros tramos, entre naves, acequias y ese aire de Vega que siempre huele a tierra y memoria. Pronto alcanzamos Ambroz, donde se nos uniría Ale, que con su bicicleta sin motor, siempre destaca por encima de todos nosotros, Seguimos hacia Cúllar Vega, donde empezó la parte “aventurera” de la jornada.
Las obras del Metropolitano habían convertido la zona en un pequeño laberinto: calles cortadas, señales contradictorias, excavadoras y montones de grava donde antes había caminos conocidos. Por un momento, el grupo se quedó mirando el mapa con cara de “¿y ahora?”. Pero ahí entró en acción Ale, nuestro guía improvisado, que conoce la Vega como si la hubiera dibujado él mismo. Gracias a su intuición —y a alguna que otra pista tomada por instinto— conseguimos salir del embrollo sin tener que retroceder demasiado. Hubo algún rodeo, eso sí, pero el ánimo nunca decayó.
Ya liberados de las obras, rodamos hacia Las Gabias y La Malahá, donde el paisaje se abre y la vista se pierde entre olivares y montes suaves. El ritmo era constante, sin exigencias, con esas pausas naturales para reagruparse o comentar algún detalle del camino. Víctor marcaba un paso firme, Luisma y Jesús mantenían la charla animada, y Juan Luis se encargaba de ir recogiendo mentalmente los detalles para esta crónica.
Desde La Malahá tomamos rumbo a la Dehesa de Santa Fe, punto alto del recorrido. La subida, aunque moderada, hizo que las piernas notaran el esfuerzo acumulado, pero la recompensa mereció la pena: el mirador de la Vega nos recibió con una panorámica espectacular. Desde allí, Granada parecía descansar a lo lejos, envuelta en una luz clara. Fue el momento perfecto para la foto de grupo, unas risas y un pequeño descanso antes del regreso.
El camino de vuelta transcurrió más ligero. El aire empezaba a calentar, pero la satisfacción del recorrido completado daba alas. Entre comentarios sobre próximos destinos y alguna anécdota del día, completamos los 45 kilómetros con 450 metros de desnivel.
La sensación al llegar era la de siempre: cansancio justo, alegría compartida y el convencimiento de que, más allá del pedaleo, lo importante es la compañía. Porque las rutas pueden variar, los caminos pueden cortarse, pero cuando hay humor, amistad y ganas de seguir explorando, siempre se encuentra la salida.
Una jornada completa, de esas que se disfrutan sin mirar el reloj. Próxima cita: donde nos lleven las ruedas y las ganas.
Juan Luis Sáez Camacho. Junta Directiva ALUMA



































