“Desgranando Granada”. Monasterio de La Cartuja. 5 febrero 2026

Inaccesibles al desaliento.

El pasado día 5 de febrero de 2026, la lluvia llevaba días cayendo con constancia, de esa que desgasta y además amenaza. Por ello, la mañana de la visita al Monasterio de la Cartuja de Granada, también conocido por Monasterio de Nuestra Señora de la Asunción y de estilo barroco, muchos pensábamos lo mismo, aunque pocos lo comentamos en voz alta: seremos cuatro. Cuatro valientes, cuatro resignados. Sin embargo, la realidad volvió a demostrar que las previsiones pesimistas suelen fallar cuando hay curiosidad, ganas y en nuestro caso, mucho de rebeldía cultural.

Allí estábamos una treintena de asistentes, socios de ALUMA y algunos acompañantes, inaccesibles al desaliento, desafiando la lluvia y también la comodidad del sofá. El simple hecho de reunirnos ya tenía algo de simbólico, casi cartujano: constancia, silencio interior y voluntad firme.

Cuando íbamos entrando al preámbulo, al primer patio, plazoleta (el compás), después del primer portalón que da acceso desde la calle, La Cartuja se alzaba ante nosotros con su magnífica portada plateresca cargada de historia, pero también de ausencias. A lo largo de los siglos, la eliminación de habitaciones de los cartujos y recintos fue dejando el conjunto reducido a lo que es hoy, a bastante menos de la mitad de lo que llegó a ser. Lo que hoy vemos no es ruina, todo lo contrario, pero sí un fragmento. Un fragmento seductor. Cada espacio conservado parece hablar por los muchos que ya no están y que fueron. Muchas partes de la Cartuja original, por los distintos avatares de acuerdos y desacuerdos, desaparecieron y sólo los podemos imaginar, aunque hay una magnífica maqueta que nos describe lo que es hoy y lo que fue.

Conviene recordar que aquí no vive ningún cartujo desde la desamortización de Mendizábal, allá por el año 1835. La Orden de los Cartujos, austera hasta el extremo, apenas mantiene hoy muy pocas cartujas en la actualidad, repartidas por España y el mundo. La de Granada ya no es monasterio vivo, pero sigue siendo un lugar intensamente habitado por el símbolo, por la idea de retiro, de belleza contenida y de fe llevada al límite de la soledad.

La visita fue guiada por María Dolores Pérez Ruiz de la Fuente. La primera parte del recorrido consistió en la explicación de por qué la Cartuja tenía el actual aspecto, haciendo hincapié en el claustrillo y en los recintos que giraban en torno a él y de la importante colección de iconografía sobre lienzo, donde en varios cuadros aparece reflejado San Bruno (Fundador de la Orden de los Cartujos). La visita fue tomando cuerpo al entrar a la Iglesia, espléndida, una joya. De la iglesia, y a través del presbiterio (actualmente en conservación, con el andamiaje en formación y bajo las órdenes del historiador del Arte, Ceferino Navarro) accedimos al sagrario y la custodia, igualmente espectaculares, concentraban miradas y silencios. No hacía falta saber de teología para entender que aquello estaba pensado para impresionar, para elevar, para desbordar al visitante. Todo en la Cartuja está cargado de simbolismo: nada es casual, nada es solo decoración.

Parte importante de la visita, por su sencillez a la vez que espectacularidad fue el acceso a la sacristía, sencillamente maravillosa. No hay otra palabra. Un espacio donde el exceso no resulta vulgar, sino casi místico. Las yeserías, sorprendentemente similares al arte musulmán, nos recordaban que Granada nunca rompe del todo con su pasado andalusí. Aquí el barroco está en continuo diálogo con Al-Ándalus, sin complejos.

Entre los detalles que más llamaron la atención estaban los trampantojos, auténticos juegos visuales que engañan al ojo y estimulan la mente. Pintura que finge arquitectura, profundidad donde solo hay muro. Una metáfora perfecta de este lugar: parece una cosa, pero es muchas más.

Las magníficas puertas y cajoneras de taracea (Sacristía), obra de una artesanía exquisita, mostraban hasta qué punto la paciencia puede convertirse en arte. Maderas, marfil, metales …, ensamblados con precisión casi obsesiva, dignas de una orden que hizo del tiempo lento una forma de vida.

Al salir, la lluvia seguía cayendo. Pero ya no importaba. La visita había sido algo más que cultural: fue una pequeña victoria contra la apatía, contra el sofá, contra el mal tiempo y contra la idea de que ya lo hemos visto todo. La Cartuja, cercenados muchos de sus originales espacios, pero majestuosa, silenciosa pero elocuente, nos recordó que incluso lo que queda, cuando queda bien, basta para conmover.

Notas de Interés.

Web oficial: https://cartujadegranada.com

La Cartuja está considerada como Monumento histórico artístico y Bien de Interés Cultural (BIC).

Actualmente las Cartujas existentes en España son: Cartuja de Santa María (Puebla de Benifasar, Castellón), Cartuja de Santa María de Miraflores (Burgos), Cartuja Santa María de Montealegre (Tiana, Barcelona), Cartuja de Porta Coeli (Serra, Valencia), siendo La Grande Chartreuse, en Francia, su Casa Madre.

Alejandro Ramírez Ramírez.

Socio de ALUMA.

alumaasociacion

Asociación cultural de los alumnos mayores de la Universidad de Granada

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