«Conociendo nuestra tierra» Valdepeñas de Jaén. Itinerario por los paisajes del libro Sucesos del molino de Santa Ana. 30 de mayo, 2026

El pasado sábado 30 de mayo, ALUMA efectuó una visita a Valdepeñas de Jaén, en el marco del programa “Conociendo nuestra tierra” y bajo el título “Itinerario por los paisajes del libro Sucesos del molino de Santa Ana”.  Nada más gratificante para el autor de esta novela entre la historia y la geografía, combinadas con ficción e intriga, que haber sido invitado a ejercer de guía para personas tan motivadas como motivadoras, y a quienes presentarles algunos lugares inspiradores de las diversas tramas y subtramas de la novela, así como a Serafín Parra Delgado, copropietario, amable anfitrión y excelente guía del Molino-Museo de Santa Ana.

El autobús, que agotó todas las plazas disponibles, partió con las primeras luces de la mañana camino de nuestro destino a través de Jaén y Los Villares. Aparte de la parada-café en un establecimiento hostelero ubicado junto al río Guadalbullón, durante buena parte del recorrido realicé comentarios sobre aspectos físicos y antrópicos de los paisajes que se ofrecían a nuestra mirada, incluyendo alusiones a ciertos acontecimientos históricos. Pero fue en el ascenso a Puerto Viejo (collado situado en el flanco oeste de La Pandera) y en el subsiguiente descenso hacia Valdepeñas de Jaén donde surgieron alusiones a determinados episodios y personajes de la novela, en concreto: el accidente mortal del 25 de julio de 1936 (descrito en la imaginaria “Crónica periodística”, datada en 2024), el recorrido del nevero Rigoberto acompañado de un cuadrúpedo que cojeaba y que pretendía vender en la carnicería del pueblo (“El burdégano Velloso”, ambientado en el año 1871), el despeño de la piedra de moler que tres carreteros portaban desde Alpedrete (“La muela quebrada”, 1591), o la decisión del juez Ribadeneira acerca de nombrar el lugar repoblado como “Valdepeñas” sobre la anteriormente conocida “Torrentera de los Osarios” (“El pegujalero bravo”, 1540). 

Una vez alcanzado el pueblo, y tras una incidencia que supuso algún retraso respecto a la programación, el autobús llegó a la puerta del Molino-Museo de Santa Ana. Con objeto de facilitar la visita y poder atender más adecuadamente las jugosas explicaciones que ofrece Serafín, se formaron dos grupos, de modo que mientras uno de ellos se adentraba en el equipamiento cultural, el otro grupo se dirigió conmigo al Santuario de Chircales. Durante el recorrido hacia este fragoso y verdeante lugar (formaciones calcáreas, abundante arboleda, manantiales…) se pudo hacer referencia a otros pasajes de la novela, tales como la fatal caída sufrida por el atochero Federico desde Cerro Papeles ante la mirada atónita de su esposa María (“Muerte en el atochar”, 1907). Una vez llegados al lugar, que atesora un cuadro barroco y sorprende ante la cueva excavada junto a la ermita, rememoré la impresión sentida por los labradores Eustaquio y Sené al adentrarse en el santuario huyendo de una terrible tormenta que les sorprendió mientras faenaban en las inmediaciones del río Susana (“El milagro del Cristo de Chircales”, 1727).

Por su lado, el grupo que permaneció en el Molino-Museo pudo disfrutar de las tan entendidas como sentidas palabras de Serafín, que mostró y explicó la conspicua historia del molino, los entresijos de sus mecanismos y procesos, el origen y utilidad de algunos de los innumerables objetos allí expuestos, etc.; si bien despertó especial atención, e incluso gozosa sorpresa, cuando procedió  a la apertura del saetín por el que se proyecta la energía hidráulica sobre los rodeznos y su efecto en la movilización de la muela volandera, de las poleas y cintas que procuran el movimiento de las máquinas decimonónicas de la limpieza y del tamizado del trigo molido para la separación de la harina, la sémola, el salvado fino y el  salvado grueso.  Relatos como “Los mañosos forasteros” (1632), “Cuernos de los unos y los otros” (1669), “Franceses y afrancesados” (1808) o el ya citado “Muerte en el atochar” (1907), entre otros, desarrollan buena parte de su trama en el interior del molino, como así mismo sucede, en el caso de la trama principal de la novela, con la llegada de nueve visitantes en enero de 2014, y en donde juegan un especial papel algunos de los elementos allí presentes: el viejo arcón, las piedras molineras, la cabria, el arado romano, las colodras, la maquinaria decimonónica…

Reencontrados los dos grupos en la puerta del Molino-Museo, nos dirigimos a pie hacia otro de los lugares especialmente atractivos y de alta concurrencia de Valdepeñas de Jaén: las llamadas Chorreras del Vadillo de los Berros. En el trayecto a través de la plaza de la Constitución y de algunas calles históricas (de trama ortogonal, consecuente con la planificación de los asentamientos de colonización renacentista), se trajeron a colación otros pasajes de la novela, como, por ejemplo, la llegada de la partida de Caparrota a la plaza Mayor (“Bandoleros”, ambientado en 1845), el encuentro en la calle Ladera del molinero José Pablo con la meretriz Lola (“El concúbito del Molinero”, 1788), o el desdichado final de Salustiano y Bonifacio en la calle Vílchez (el ya citado relato “El milagro del Cristo de Chircales”, 1727).

A lo largo del siguiente recorrido junto al río Susana, aguas arriba, el grupo disfrutó de un más que agradable paseo a través de un sinuoso sendero de tramos a veces casi horizontales, a veces de sensible pendiente, y que se alternaba entre ambas riberas del arroyo por medio de puentes de madera. En esa cerrada tan fresca como húmeda se pudo contemplar la cristalina corriente de agua, la abundancia de árboles de gran porte y otras plantas (álamos blancos y negros, nogueras, fresnos, hiedras, culantrillos de pozo, zarzas, colas de caballo, berros, musgos…), que tapizan tanto las riberas fluviales, como gran parte de los vertiginosos paredones envolventes; si bien, lo que más sorprendió fue la trepidante cascada de casi una veintena de metros de caída, de nombre “Las Chorreras” y que atrae a numerosos visitantes los fines de semana.

Las bien recibidas comida y bebida, tras el paseo de algo más de hora y media de duración, se degustaron en un restaurante emplazado en las cercanías del citado paraje y, a decir de muchos de nosotros, cumplió sobradamente en calidad y cantidad.

Ya por la tarde, se repitió la visita al Museo-Molino y al Santuario de Chircales, intercambiándose los dos grupos formados a tales efectos. Una vez reunido el grupo al completo, y poco antes de emprender el regreso a Granada, nos despedimos de Serafín con sentida gratitud y elocuente felicitación por el encomiable recibimiento, y notorio esfuerzo, que nos dedicó.

 

Es mi deseo agradecer encarecidamente a todas las personas asistentes a esta actividad su ejemplar actitud, loable interés, gran amabilidad y evidentes muestras de indulgencia por los errores en que pudiese haber incurrido a lo largo de la jornada. Asimismo, a la junta directiva de ALUMA por haber tenido a bien y, en consecuencia, animarme a poner en práctica dicha actividad; que, sinceramente, he acometido con sumo placer. 

Miguel Ángel Sánchez del Árbol, junio de 2026

alumaasociacion

Asociación cultural de los alumnos mayores de la Universidad de Granada

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