«Desgranando Granada» Monasterio de San Jerónimo (31 octubre 2025)

Dentro del programa «Desgranando Granada», el pasado día tuve la oportunidad de participar, junto a un grupo de 35 compañeros del Aula Permanente de Formación Abierta (APFA) y miembros de ALUMA, en una visita guiada al Monasterio de San Jerónimo de Granada. Nos acompañó María Dolores Pérez, Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Granada, que nos condujo con gran conocimiento y cercanía por este conjunto monumental, una de las joyas del Renacimiento español.

La visita comenzó en el exterior, con una doble explicación inicial que nos permitió comprender mejor el conjunto antes de entrar. En primer lugar, María Dolores nos habló de la portada exterior del monasterio de San Jerónimo, de estilo manierista, realizada en 1590 por Pedro de Orea. Nos hizo reparar en su sobriedad y equilibrio, en cómo su composición responde al ideal renacentista de orden y proporción, aunque ya con la libertad expresiva del manierismo.

Tras estas aclaraciones, nos detuvimos en la fachada de la Iglesia de San Jerónimo, El edificio se ubicó en el lugar original denominado Pago de Dar Ibn-Murdi, fue sufragado por la duquesa de Sessa, María Manrique, viuda de Fernando González de Córdoba, el Gran Capitán, y en su construcción participaron arquitectos y artistas como Enrique Egas, Jacobo Florentino, Diego de Siloe, Pedro de Orea o Martín Díaz Navarrete, entre otros, una obra fascinante que María Dolores definió como un ejemplo de transición entre el gótico y el renacimiento, donde se mezclan estructuras de herencia medieval con una decoración claramente renacentista

Tras esta completa introducción en el exterior, cruzamos el umbral del monasterio y accedimos al claustro principal que cuenta con una portada de Martín Díaz de Navarrete y en la entrada observamos el lema: ”Soli Deo honor et gloria”.  El silencio y la luz que se filtraba entre los arcos creaban una atmósfera de calma que invitaba al recogimiento. María Dolores nos habló de la vida cotidiana de los monjes jerónimos, de su dedicación a la oración, al estudio y al arte. En aquel momento, resultaba fácil imaginar el ritmo pausado de la vida monástica, tan distinto del nuestro. 

De allí pasamos a la Sala Capitular, donde la comunidad se reunía para tratar los asuntos más importantes. Me impresionó la sobriedad del espacio y la elegancia de sus proporciones. La guía destacó la pureza del diseño renacentista, donde cada línea y cada arco responden a una idea de orden y equilibrio.

El recorrido continuó por el Profundis, un lugar de oración por los difuntos que conserva un aire de profunda espiritualidad. María Dolores explicó el significado de su nombre y el simbolismo de sus elementos decorativos. La Sacristía, en cambio, nos sorprendió por su riqueza: mobiliario, cuadros, piezas litúrgicas… todo dispuesto con una armonía que refleja la importancia del arte como vehículo de fe.

El momento culminante llegó cuando cruzamos el umbral de la Iglesia de San Jerónimo. Nada más entrar, quedamos sobrecogidos por la amplitud de su planta de cruz latina y la belleza de la bóveda de crucería, trazada por Jacobo Florentino y continuada por Diego de Siloé. La guía nos explicó cómo ambos artistas dejaron su impronta en el templo, combinando la herencia italiana con la tradición hispánica.

Avanzamos lentamente por la nave central, observando pinturas murales del siglo XVIII y admirando cada detalle, hasta situarnos ante el retablo mayor, una verdadera obra maestra que domina el conjunto. Allí, María Dolores nos habló de los cuatro órdenes de la arquitectura antigua —dórico, jónico, corintio y compuesto—, presentes en su estructura. Nos invitó a fijarnos en cómo cada nivel del retablo se eleva con un ritmo ascendente, guiando la mirada hacia el altar y hacia lo alto, en un movimiento simbólico de elevación espiritual. María Dolores explicó cómo en este templo se funden la tradición gótica y el ideal renacentista de perfección geométrica, creando un espacio de una belleza serena y poderosa a la vez.

Durante todo el recorrido, reinó un ambiente de atención y curiosidad. Muchos compañeros hicieron preguntas y compartieron comentarios, lo que convirtió la visita en un auténtico diálogo. Yo mismo me sentí especialmente impresionado por la claridad y el entusiasmo de las explicaciones: era evidente que María Dolores no solo conocía a fondo el monumento, sino que lo amaba.

La visita concluyó con unos minutos de silencio dentro de la iglesia. Permanecimos allí, contemplando el retablo y la luz que se filtraba por las vidrieras. Fue un momento de calma y reflexión, casi de recogimiento, que nos permitió asimilar lo vivido.

Al salir, la sensación general era de asombro y gratitud. Habíamos recorrido uno de los lugares más hermosos y significativos de Granada, pero también habíamos viajado en el tiempo, hacia el esplendor del Renacimiento. Mientras nos despedíamos, comentamos lo afortunados que nos sentíamos de haber compartido esta experiencia, en la que el arte, la historia y la buena compañía se entrelazaron de forma inolvidable.

Sin duda, fue una visita para recordar, de esas que dejan huella y que nos recuerdan por qué merece la pena mirar con calma, escuchar con atención y dejarse enseñar por la belleza.

Juan Luis Sáez Camacho Junta Directiva de ALUMA

Fotos: Juan Luis Sáez y Manuel González Reinoso

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