¡Mayores al pedal!. Ciclismo. 24 noviembre 2025. Deifontes

🚴‍♂️ Crónica de una mañana congelada… pero gloriosa

A las 9:30 de la mañana, cuando el termómetro marcaba un heroico 0ºC y el aliento parecía humo de tren de vapor, cuatro + dos valientes miembros del pelotón veterano de la vida decidieron que era un día perfecto para montar en bici. Nada de excusas: Ale, Paco, Ricardo y el cronista de esta epopeya, JuanLu, se daban cita en la Plaza Manuel Cano (junto al Hipercor) con más moral que sensibilidad en los dedos.

Primeros metros rumbo a la rotonda Europa. En la travesía de Maracena recogimos a los hermanos Víctor y Juan Luis que nos esperaban con señales de alegría, pues ya llevaban un rato pasando frío. Después la travesía de Albolote a ritmo alegre pero respetuoso con las articulaciones, que a esas horas aún estaban negociando su adhesión a la causa. Por el camino de las Cruces y el camino de Cartuja (Albolote) el grupo ya iba entrando en calor, que no en sensatez.

Llegamos al Chaparral y enlazamos con la antigua N-323, donde el airecillo decide que también quiere participar en la excursión… en contra. Desvío hacia la Estación de Calicasas y nos adentramos en el camino que circunvala el pantano del Cubillas, que a esas horas parecía más un lago alpino que un embalse granadino.

Cruce de la vía férrea a la altura del cortijo del Canal, y seguimos por el conocido como camino de Iznalloz. En la famosa bifurcación, giramos a la derecha hacia Cogollos Vega, demostrando que, además de piernas, aún conservamos perfectamente el sentido de la orientación… más o menos.

Antes del Cortijo Los Prados, nos saludan, o al menos nos observan con aire de superioridad, el único habitante que vimos de la granja de perdices, patos y faisanes, claramente sorprendido por el paso de seis seres humanos embutidos en licra a temperaturas polares. En el mismo cortijo cruzamos el Canal de Albolote y seguimos por la Cañada de los Prados hasta alcanzar el extrarradio de Deifontes, ya con conversaciones más profundas: “¿Quién ha dicho que esto era llano?” y “yo juraría que el café estaba más cerca”.

Por fin, entramos por las callejuelas hasta la Avenida que va al Nacimiento del río Cubillas, coincidente con la GR-NE-22 hacia Iznalloz, y a las 11:30 en punto (relojes suizos, pero en ciclistas granadinos) llegamos al Hotel Rural El Nacimiento, situado exactamente donde nace el río Cubillas. Allí, el café cae como si fuera combustible de alto octanaje, acompañado de algunas galletas y frases del tipo: “Pues yo no tengo frío” (mentira). Nos sentamos fuera del restaurante, mirando y contemplando nuestras maravillosas máquinas. Algunos incluso se atrevieron a ponerle un candado.  Mientras saboreábamos el café, Juan Luis nos fue contando de forma pormenorizada la quedada de amigos, ciclistas, con sus respectivas parejas por tierras cordobesas, Priego de Córdoba, que nos puso los dientes largos sobre el hotel que se alojaron.

Tras el ritual sagrado del café, vuelta por la antigua N-323 y de nuevo el camino de las Cruces, ya con el sol algo más generoso y con las piernas sorprendentemente vivas. La ruta se cierra con 52 kilómetros de amistad, pedaleo y resistencia, demostrando una vez más que los alumnos del APFA y los miembros de ALUMA no solo entrenan la mente… también el corazón y las piernas.

JuanLu Sáez Camacho

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