CRÓNICA SENDERISTA ALUMA. 9 de octubre de 2026
3ª Ruta Periurbana: Plaza Nueva – Reloj del Sol – Descenso por Veredillas
Una ruta exigente, unos paisajes maravillosos y treinta senderistas con ganas de disfrutar. ¡Así da gusto caminar!
Hoy, 9 de octubre, ALUMA ha vuelto a calzarse las botas para disfrutar de una de esas rutas que dejan huella. Y no solamente en las piernas, que también, sino en la memoria de quienes hemos tenido la suerte de compartir esta estupenda jornada de senderismo por los alrededores de nuestra querida Granada.
A las 10 de la mañana, como ya viene siendo tradición, nos hemos reunido en Plaza Nueva 30 senderistas, socios de ALUMA y estudiantes del Aula Permanente de Formación Abierta (APFA). Un grupo formado por 16 hombres y 14 mujeres, con muchas ganas de caminar, disfrutar de la naturaleza y, sobre todo, pasar una buena mañana en compañía de amigos.
Por delante nos esperaba una ruta tan hermosa como exigente: subir hasta el Reloj del Sol, en el Llano de la Perdiz, y regresar a Granada descendiendo por esas pequeñas veredas, nuestras veredillas, que serpentean por las laderas y nos regalan algunos de los paisajes más espectaculares de la ciudad.
La Cuesta de los Chinos: un comienzo de auténtico lujo
Comenzamos nuestro recorrido por la siempre encantadora Carrera del Darro, con la Alhambra vigilándonos desde lo alto y el murmullo del río acompañando nuestros primeros pasos.
Atravesamos el Paseo de los Tristes, cruzamos el Darro por el Puente del Aljibillo y nos adentramos en la Cuesta del Rey Chico, más conocida como Cuesta de los Chinos.
¡Qué maravilla de lugar!
Entre el sonido del agua, la vegetación, las piedras del camino y las imponentes murallas de la Alhambra, fuimos ganando altura poco a poco. Es uno de esos rincones de Granada que, por muchas veces que se visiten, nunca dejan de sorprender.
Eso sí, desde el principio quedó claro que hoy no veníamos precisamente a dar un paseo por la Gran Vía. La cuesta empezó a poner a prueba nuestras piernas, aunque el buen humor y las conversaciones hicieron mucho más llevadera la subida.
Camino del Reloj del Sol: esfuerzo y paisajes para recordar
Tras dejar atrás la Cuesta de los Chinos, continuamos ascendiendo por las inmediaciones de la Alhambra, sus aparcamientos y el camino que conduce hacia el cementerio.
En nuestro recorrido pasamos junto a uno de esos lugares que invitan a detenerse y reflexionar: la tapia del Cementerio de San José, donde un espacio de memoria recuerda a las personas fusiladas durante la Guerra Civil y la posterior represión. Un momento para recordar que nuestros caminos, además de belleza natural, también encierran páginas importantes y dolorosas de nuestra historia.
A partir de aquí comenzaba una de las partes más atractivas de la jornada. Dejamos atrás el asfalto y nos adentramos en las veredas que recorren las laderas del entorno del Llano de la Perdiz.
¡Y qué vistas comenzaban a aparecer ante nuestros ojos!
El valle del Genil se extendía a nuestros pies, mientras las montañas dibujaban un horizonte espectacular. Cada curva del sendero nos descubría una perspectiva diferente, de esas que obligan a levantar la mirada y detenerse unos segundos para disfrutar del paisaje.
La subida, sin embargo, no daba demasiada tregua. Las pendientes se sucedían y el camino parecía empeñado en recordarnos que las mejores panorámicas suelen estar reservadas para quienes se esfuerzan en alcanzarlas.
Pero allí seguíamos los treinta, cada cual, a su ritmo, con alguna que otra parada para recuperar el aliento, beber agua y, naturalmente, intercambiar bromas.
Finalmente, después de superar las últimas rampas, alcanzamos nuestro gran objetivo: el Reloj del Sol, en el Llano de la Perdiz.
¡Prueba superada!
Era el momento de disfrutar de un merecido descanso, reponer fuerzas y contemplar el magnífico entorno natural que rodea este emblemático lugar. El esfuerzo había merecido la pena y las vistas eran nuestra mejor recompensa.
El descenso por las veredillas: Granada a nuestros pies
Si la subida había resultado exigente, el descenso nos tenía reservada otra buena dosis de belleza… y de atención para nuestras rodillas.
Abandonamos las pistas más anchas y comenzamos a descender por las estrechas veredillas que serpentean por la ladera, dibujando curvas y contracurvas entre la vegetación.
Aquí había que caminar con cuidado, mirando dónde se colocaban los pies, pero sin olvidar levantar la cabeza de vez en cuando para contemplar el espectáculo que nos rodeaba.
Y es que, a medida que descendíamos, Granada iba apareciendo ante nosotros como un inmenso cuadro lleno de colores, tejados, monumentos y paisajes.
En algunos tramos podíamos distinguir la Abadía del Sacromonte, majestuosa sobre su colina, como si estuviera contemplando silenciosamente el paso de nuestro grupo.
En otros, la ciudad se abría a nuestros pies, con sus barrios extendiéndose por el valle y las montañas completando un escenario verdaderamente privilegiado.
Seguimos por los senderos del entorno de la Acequia Real y posteriormente por los de la Acequia del Generalife. Caminar por estos lugares es una experiencia especial: la vegetación, las antiguas conducciones de agua y la cercanía de la Alhambra nos recuerdan la extraordinaria relación que siempre ha existido entre Granada, su historia y el agua.
¡Qué privilegio poder disfrutar de estos rincones a tan poca distancia del bullicio de la ciudad!
Nos acercamos al entorno del Mirador Romántico del Generalife, otro lugar cargado de encanto, y emprendimos la última bajada hacia el Camino del Avellano.
Esta parte final exigía todavía bastante concentración. Después de tantos kilómetros, las piernas empezaban a acusar el esfuerzo y los escalones de la pendiente obligaban a caminar con precaución.
Pero el paisaje seguía compensándolo todo.
La panorámica de Granada, contemplada desde aquellas alturas, parecía despedirnos con una última imagen inolvidable.
Paseo de los Tristes: el refrigerio más merecido
Finalmente alcanzamos el Camino del Avellano, donde el terreno comenzó a darnos un pequeño respiro. Desde allí seguimos hasta el Paseo de los Tristes, cerrando así nuestro recorrido por uno de los lugares más bonitos de Granada.
Y, naturalmente, después de semejante caminata, había algo que no podía faltar.
¡Un buen refrigerio!
Hicimos una parada en uno de los bares del Paseo de los Tristes para recuperar fuerzas, refrescar la garganta y comentar las mejores anécdotas de la jornada.
No sabemos si aquella bebida estaba especialmente buena o si era el cansancio acumulado, pero lo cierto es que nos supo a gloria.
Entre conversaciones, sonrisas y comentarios sobre las cuestas superadas, pusimos el broche final a una magnífica mañana.
Mucho más que senderismo
Hoy hemos realizado una ruta exigente, sí, pero también extraordinariamente hermosa. Hemos disfrutado de caminos históricos, senderos de montaña, paisajes impresionantes y rincones de Granada que siguen sorprendiéndonos a pesar de tenerlos tan cerca.
Y, por encima de todo, hemos vuelto a comprobar que el senderismo de ALUMA es mucho más que caminar.
Es compartir experiencias, descubrir lugares, disfrutar de la naturaleza, hacer amistades y demostrar que las ganas de aprender, conocer y mantenerse activos no tienen edad.
Treinta senderistas, dieciséis hombres y catorce mujeres, hemos compartido una jornada que seguro recordaremos con una sonrisa.
Gracias a todos por vuestra participación, vuestro esfuerzo, vuestra colaboración y ese magnífico ambiente que hace que cada salida sea especial.
Porque al final, más allá de los kilómetros recorridos y las cuestas superadas, lo verdaderamente importante son los buenos momentos que compartimos por el camino.
¡Enhorabuena, senderistas! ¡Nos vemos en la próxima ruta de ALUMA!
Juan Luis Sáez Camacho. JUNTA DIRECTIVA ALUMA
NOTA FINAL.- Agradecemos sinceramente la colaboración de Manuel González Reinoso y Antonio Jiménez Aguilar en el reportaje fotográfico en el día de hoy.




































